Los duelos que deja un terremoto
Por un familiar, por una mascota, por lo material. Los tres son reales y ninguno necesita permiso para doler.
Escrita por Andrés Cano
Coach ontológico certificado y asesor financiero, más de 14 años de experiencia · Tríada Aliados
Cuando se va alguien a quien amamos
Perder a un familiar de forma repentina es uno de los dolores más intensos que podemos vivir. Es normal sentir tristeza profunda, culpa, rabia, miedo y desorientación.
No hay tiempos “correctos” para el duelo: cada persona va a su propio ritmo. Hablar de quien se fue, recordar momentos importantes y permitir las lágrimas son parte del proceso de sanar.
Si alguien en tu entorno está de duelo, ofrécele escuchar su historia sin interrumpir.
Tu dolor por tu mascota también importa
Las mascotas son familia: nos acompañan, nos dan amor y forman parte de nuestra rutina. Cuando muere una mascota, el dolor es real y legítimo.
No permitas que nadie minimice lo que sientes con frases como “era solo un animal”. Puedes hacer un pequeño ritual de despedida, guardar su collar o su juguete favorito, y agradecer por los momentos compartidos.
Perder lo construido también duele
El terremoto no solo se llevó vidas: también hogares, negocios, recuerdos y años de esfuerzo. Es normal sentir rabia, impotencia, miedo y hasta vergüenza cuando se pierde lo material.
Antes de cualquier reflexión profunda, lo urgente es asegurar alimentación, vivienda, salud y protección. A partir de ahí ayudan los pasos pequeños y realistas: organizar documentos, pedir ayuda, informarse sobre los apoyos disponibles.
Si puedes, ayuda a alguien a dar un primer paso práctico hoy.